LA “GENERACIÓN DORADA” SACA OTRO CERO
Por Jorge Barraza / Staff FullDeportes USA
Lo que más duele es la gente, esa interminable y alegre caravana amarilla que se acercaba al Arrowhead Stadium de Kansas City. De esos 68.598 pagantes, mínimo el 85% eran ecuatorianos. Pese al mazazo de Costa de Marfil en el estreno, igual siguió confiando en lo que le habían asegurado, que esta selección es la Generación Dorada y estaba para campeón. Que podía con España, con Francia, con Alemania, con Brasil, con Inglaterra, con todos. Y el hincha creyó. Y asistió en masa. Haciendo esfuerzos logísticos y económicos. Y llenó los estadios. Y se fue cabizbajo, rabiando, avergonzado. Ecuador 0 – Curazao 0 quedará en los anales como una de las mayores pesadillas del fútbol ecuatoriano. Aunque una multitud podrá decir “yo estuve ahí”.
No pudo hacerle un gol a Eloy Room, un arquero de 37 años que actúa en la Segunda de Estados Unidos y cuya cotización es de 150.000 euros. Cualquier próspero comerciante puede fichar a Room si le apetece. El mismo Room que había recibido 7 goles de Alemania. El mundo tiene 195 países, Curazao es el 192 por territorio (444 km²). Una expresión mínima. Hasta Cabo Verde es un paisote a su lado. La Generación Dorada no lo pudo vencer. A propósito, Dorada será el día que gane un par de Copas América, que llegue a semifinales de un Mundial. Entonces habrá justificado el mote.
“La mejor selección de la historia”, la han calificado pomposamente. Para quienes seguimos todos los partidos de Ecuador hace 37 años (desde 1989, cuando Dusan armó aquel excelente equipo en la Copa América y puso la piedra basal del Nuevo Ecuador), el plantel del Mundial 2006 era infinitamente superior a este. Tenía a Ulises De la Cruz, Antonio Valencia, Édison Méndez, el Tin Delgado, Kaviedes, Christian Benítez, Carlos Tenorio, Segundo Castillo, Iván Hurtado, Guagua, Edwin Tenorio…
Tras la derrota ante los marfileños escuchamos a un grupo de periodistas ecuatorianos decir con altivez: “Todavía se puede ganar el grupo”. “Hay que tratar de hacer la mayor cantidad de goles posible a Curazao”. Ahí está uno de los males, uno de los focos del propagandismo falso, sin argumentos: ese grupete de “comunicadores” afines a la Federación es culpable de esta engañosa fiebre amarilla. Los que van invitados al Mundial para propalar grandezas. Son prepotentes, agrandados, si alguien piensa distinto lo crucifican en las redes sociales. Son crueles, tienen la saña del ignorante. Si la Tricolor queda eliminada en primera fase en un Mundial de 48 equipos ¿qué van a decir…? ¿de qué se van a disfrazar…? El fútbol ecuatoriano, de extraordinario ascenso en los últimos veinte años, debe volver a la humildad, la que lo llevó a hacerse fuerte y respetado en Sudamérica y el mundo.
Algunos protagonistas también ayudaron a este humo gigante que se cierne sobre las ciudades norteamericanas. “Hay que mirar con naturalidad que Ecuador pueda ganar el Mundial”, dijo Beccacece en una entrevista con Rubén Cañizares, del diario ABC, de Madrid. “El próximo año ganamos el Mundial”, pronosticó Moisés Caicedo en un Tik Tok el 28 de julio de 2025.
Lo hemos dicho hasta el hartazgo: Ecuador tiene posiblemente los mejores defensas del mundo. Que también pueden tener una tarde floja, como le pasó a Hincapié, bailado por el marfileño Diomande. A Pacho, que tuvo varias salidas incorrectas, o a Joel Ordóñez, quien jugó con una displicencia que ni Beckenbauer hubiese tenido. Y eso le costó no jugar el segundo encuentro. Muy buen elemento Ordóñez, pero, como decía Federico Pena, un amigo brasileño (ahora representante de Vinicius) “ele cree que joga mais do que joga”. De eso peca Ordóñez. Está convencido de ser una mezcla de Baresi y Laurent Blanc.
El problema nace en el medio: hay creación cero. Beccacece reemplazó a Alan Minda (que no había desentonado y se entendió con Pedro Vite) por Jordy Alcívar. Pero Minda ya fue vendido, a Alcívar hay que venderlo. Un error de Pacho en la salida le costó a Alcívar la amarilla. Eso y la desesperación por marcar un gol llevaron al técnico a sacrificar a Alcívar y poner a Kevin Rodríguez. Kevin es la mejor desmentida de que no hay ninguna Generación Dorada. Lleva 2 goles en 33 partidos internacionales. Pavoroso. Pero seguirá jugando. Porque no hay otros y porque hay que demostrar que todo lo que proviene de Independiente del Valle es bueno. Para seguir vendiendo. Lo mismo que “vender” que Moisés Caicedo podría ganar el Balón de Oro. No hay una posibilidad ni en un millón de que eso suceda. Pero sólo propagar dicho rumor les da a los nuevos productos negriazules una cotización excelente.
A propósito de Caicedo. ¿Cuándo gambeteará a un rival…? ¿Cuándo salvará al equipo en un partido embrujado como este contra Curazao…? ¿Cuándo meterá un cabezazo o un derechazo ganador que justifique tanto ensalzamiento…? ¿Cuándo irá diez metros más allá del círculo central…? ¿Cuándo se desprenderá e irá a buscar el gol como los grandes volantes de todos los tiempos…? ¿Cuándo hará algo más que entregarle la bola al que tiene al costado…? ¿Por qué no asume su responsabilidad de capitán de llevar al cuadro hacia adelante…?
El pueblo quiere la horca para Beccacece, pero él no tiene la culpa de estar ahí. No le daban los pergaminos para encargarse de una selección tan importante, sin embargo, es el tipo de técnico funcional para esta dirigencia. Dócil, hace convocatorias muy convenientes. Un mínimo ejemplo: Kendry Páez. Kendry no ha hecho méritos para estar, pero está y todos sabemos por qué. En los dos primeros partidos no fue titular, el DT hizo 4 cambios ante Costa de Marfil y 5 ante Curazao, ninguno fue Kendry Páez. Porque Beccacece tampoco come vidrio. Beccacece se irá tras el Mundial (millonario y con la chapa de entrenador mundialista) y llegará otro de sus características, ni bueno ni malo, “manejable”. Hay un vitrineo evidente. Que no es un tema menor, genera decenas de millones de dólares. No hay un banco, una empresa petrolera o bananera que les haya reportado a sus dueños más dividendos que la venta de futbolistas a algunos señores.
Y llegamos al “ataque”. La delantera, guste o no, es un solo hombre: Enner Valencia, máximo artillero histórico con 49 tantos. En los últimos 3 Mundiales Ecuador anotó solo 7 goles (los mismos que Alemania a Curazao), 6 de ellos de Enner (el 92%). Pero Enner “es un apestoso emelecista”. No tiene pasado en Independiente del Valle, de modo que, de ser posible, habría que extirparlo. En el apremio por hacer un gol que salvara el incendio, Ecuador terminó ante Curazao con 6 efectivos en ataque: Enner, Plata, Kevin Rodríguez, Nilson Angulo, Preciado como extremo derecho y Jordy Caicedo, que era una buena variante, pero le dieron los últimos 6 minutitos. Él no tiene parentesco alguno con Independiente del Valle. Todos tuvieron el mismo inconveniente que el genial Roberto Fonatanarrosa, a quien le preguntaron por qué no llegó a ser futbolista: “Tenía dos problemas -respondió-. Uno era la pierna izquierda, el otro la pierna derecha”.
Una estadística causa estupor: Ecuador necesita 14 remates al arco para hacer un gol. Así es imposible ganar. A Francia, a España o a Curazao. El problema habitual es que no genera situaciones de gol, y ante los caribeños, que las generó, no supo meterla.
En el páramo de la desilusión hay tres buenas noticias: 1) sigue en pie la chance de pasar a octavos de final: ganando el último partido; 2) que Alemania ya está clasificado y pondrá muchos suplentes; 3) este Mundial ha demostrado que se puede ganar cualquier partido.




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MÉXICO SE METE A LA SIGUIENTE RONDA
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